ALEJANDRO CELIS I:49

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SEDUCCIONES PELIGROSAS
                                      

¿Qué es una seducción?
Seducción, según el diccionario, es algo que cautiva el alma. Cautivar es atrapar.
Vamos entonces a estudiar cuáles son las seducciones que el mundo nos presenta y qué es lo que el Señor quiere que hagamos respecto a ellas.
En este mundo tan adelantado y tan moderno vemos que en todas partes existen señales que nos ponen alerta en diferentes circunstancias. Por ejemplo: Si los de la Junta de Aguas abrieron una zanja, vemos el letrero de "Hombres trabajando” y de "Precaución”, para que no caigamos en ella; en las farmacias, donde se venden las sustancias venenosas, le imprimen a la etiqueta una calavera para que nos advierta sobre el peligro de ingerirla; en las calles que forman crucero peligroso, vemos semáforos que se encienden con la forma de una mano para indicarnos que debemos detenernos si no queremos ser atropellados; y así, encontramos a diario, a nuestro paso, gran cantidad de letreros que nos previenen de algún peligro… pero, de los peligros que corre el alma de caer en las tentaciones de Satanás, de esos no hay letreros.
Lamentablemente no hay letreros a pesar de que el joven como ustedes tiene que enfrentar esos peligros todos los días y a cada momento de sus vidas.
 
¿Por qué? Porque Satanás es tan astuto que no nos pone un letrero que nos advierta del peligro que corre nuestra alma si accedemos a la seducción porque entonces nadie caería, al contrario, nos hace presentes esas seducciones en forma tan atractiva que no nos damos cuenta del peligro.
¿Cuáles son las seducciones que Satanás prepara para los jóvenes ?

–  MUJERES, por ejemplo, es muy seductor aquel muchachito que aparenta ser grande y fuma y toma y trata a muchas muchachas. Ese es el chico más atractivo de la escuela. O el que dice palabrotas y es peleonero para llamar la atención.

HOMBRES, claro que es más atractiva la chica que es "llevada” con todos, la que le gusta que la toquen y que la empujen, o la que a la salida se pinta los labios y se enrolla la falda del uniforme para que se le vea más corta.
¿Verdad que sí? Porque todo eso que no es correcto, Satanás lo vuelve atractivo para cautivarnos.
¿Qué otra seducción prepara Satanás para ustedes?
LA PEREZA,
por ejemplo.
La cama ejerce una seducción incomparable en la edad en que están ustedes.
Y la mamá está dando de gritos: "Fulanito, levántate ya, porque vas a llegar tarde”; y Satanás te habla al oído y te dice: "Espérate, un ratito más, no pasa nada”. Y preferimos escuchar esa voz que la otra, y caemos en la seducción del diablo y nuestra alma queda atrapada.
Y no sólo la cama es seductora, también lo es el sofá donde se ve la televisión. Y allí está la mamá diciendo: "Apúrate, ya es hora de irte a la iglesia”, y Satanás te dice al oído: "A poco no está rico el sillón, acuérdate que a la reunión de jóvenes van bien poquitos, ¿a qué vas? mejor quédate aquí”. Y te atrapa de nuevo.
Desgraciadamente, muchachos, el pecado se ha vuelto tan común, tan natural entre nosotros, que ya ni lo vemos como pecado. Todo nos parece normal. Y yo deseo, con todo mi corazón, que ustedes sean muchachos diferentes en cualquier lugar en donde estén, porque la mayoría de los jóvenes de la edad de ustedes ya se sienten con libertad para disfrutar por ejemplo de un cigarro, o de una cerveza, o de un baile, ¿por qué? porque el mundo no lo ve mal, porque se anuncia en todas partes y porque todo mundo lo hace.
El peligro, entonces, está en la presencia de esas seducciones a cada paso de nuestra vida.
El segundo peligro estriba en el PRINCIPIO de esas seducciones peligrosas.
¿Ustedes creen que el borracho empedernido se hizo borracho de la noche a la mañana?

¡claro que no!, empezó así, en su juventud, a probar una cerveza cada vez que sus amigos lo invitaban, hasta que el vicio lo atrapó por completo y se volvió un borrachales.
¿El fumador empedernido, se habrá hecho por fumarse en un día un paquete de diez cajetillas de cigarros? Por supuesto que no. Empezó a probar una fumada, luego un cigarro completo que le regalaron sus "amigos” hasta que el vicio lo atrapó y ya no pudo dejarlo.
¿El ladrón, empezaría robando un banco y por eso se volvió ladrón? Desde luego que no.
Empezó quedándose con el cambio de los mandados a los que lo mandaba su mamá. Y cada vez fue sustrayendo más hasta que el diablo lo atrapó en sus redes.
El principio, entonces, es la raíz del problema. Cuando nos olvidamos de que Dios está en todas partes y nos ve, aún lo que hacemos a escondidas, es cuando somos capaces de caer en las seducciones de Satanás. ¿Recuerdan aquel canto que aprendieron de pequeños: "Cuidado las manitas al tocar…porque Dios está…”
Si estamos conscientes de la presencia de Dios en todos lados, no caeremos en la tentación de probar lo que el mundo nos ofrece porque es desagradable a la santidad de nuestro Dios.
El tercer peligro de las seducciones está en EL FIN AL QUE CONDUCEN.

Estamos en el camino de la vida y por él vamos caminando para llegar hasta el cielo o hasta el infierno. Como hijos de Dios estamos destinados a ir al cielo pero el que no quiera, puede irse al infierno.
Por desgracia, el dejarse atrapar por las cosas agradables que el mundo ofrece, nos deja solamente una mancha en el alma y a veces en el cuerpo. Por ejemplo: el fumador empedernido, seguro se acarreará un cáncer de pulmón que lo llevará a la muerte y, lo que es peor, cuando llegue a darle cuentas a Dios, tendrá que recibir el castigo que se merece por no haber cuidado el templo del Espíritu Santo que es su cuerpo.
El ebrio consuetudinario, se acarreará una diabetes y un problema de riñón o de hígado, que lo llevará también a la muerte.
El ladrón, tendrá que ir a la cárcel y llevar durante su vida la vergüenza y el desprecio de cuantos le conocen, pero, además, la sentencia de parte de Dios de que no entrará en el reino de los cielos.
¿Todo, por qué? Por haberse dejado seducir por Satanás, por haber llevado su alma a quedar atrapada en el pecado y vivir enemistado con Dios.
Dice San Pablo en la epístola a Timoteo: "Nadie tenga en poco tu juventud”, y yo les digo a ustedes, jovencitos, que nada ni nadie los convenza de que el pecado no tiene consecuencias; que nadie les haga creer que Dios no se enoja con el que peca; que nadie les diga que todo es bueno porque todo el mundo lo hace. 
PROVERBIOS 1:10 : 10 Hijo mío, si los pecadores te quisieren engañar, No consientas
 
 
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